QUÉ BONITO ES EL SILENCIO (2)

La originalidad del título (segunda parte de la exitosa Qué bonito es el silencio) se debe a que tengo la firme intención de hacer unos cuantos capítulos de esta serie. Repito, INTENCIÓN. Porque, quién sabe, puede pasarme como al guionista de Breaking Bad y petarlo, consiguiendo que mi audiencia pierda horas de sueño, de vida incluso, gracias a su adicción a mi serie (y a la metanfetamina de paso); o puede pasarme como al guionista de FlashForward, que tuvo una grandísima idea para el primer capítulo, pero luego se le olvidó, o le pudo la presión, o yo qué sé… y ahora vende churros en una autocaravana en Oklahoma. También puede pasarme lo segundo pero, como muchos de los que me leéis sois amigos y familiares, lo difrazaréis de lo primero y yo me sentiré una triunfadora. También me vale.

Hace poco hablaba de cómo mi gato y yo sabemos entendernos sin dirigirnos la palabra (vale, yo a él sí. Todo el rato). He de reconocer que esto no es del todo cierto, porque últimamente me muerde demasiado y creo que está enfadado por algo, pero no averiguo la razón. Así que, de paso, aprovecho para preguntaros si conocéis algún remedio casero para que un gato no muerda, antes de que sea demasiado tarde y me haya arrancado un dedo. Y no preguntéis en foroenfemenino.com, ya lo he hecho yo.

Sin embargo, mi discurso sobre la comunicación animal no hace sino reafirmarme en una idea acerca de la comunicación humana: ES EXCESIVA. Nos obcecamos con hablar y hablar sin darnos cuenta de que nuestro silencio podría decir cosas mucho más interesantes que nosotros. Y que eso que decimos poco o nada tiene que ver con lo que en realidad pensamos.

Comenzamos el ranking de expresiones innecesarias con la mítica “Tú no lo pienses“, una variante del ya conocido “Tía, no te rayes”. Esa sutil manera de decir “eso que me estás contando me da mucha pereza, así que voy a intentar zanjar esta conversación pronto, pero ejerciendo del buen amigo que soy”.

– Bueno, tú no lo pienses… pensándolo no solucionas nada. (Vaya chapa me está soltando el pesado éste).

– Sí, gracias, tienes razón. (Como de verdad no soluciono nada es hablando contigo. Voy a preguntar en foroenfemenino.com, que seguro que me dan una solución rápida y baratita).

Eso es como todo“. Otra de esas expresiones que dan sentido a mi vida. El mejor símil jamás inventado. Es decir, si lo piensas bien, aceptar un puesto de trabajo (por ejemplo) es como comerse un bocadillo de panceta. O como todo lo demás.

– Bueno, eso es como todo. (He dejado de hacerte caso hace un buen rato, así que voy a utilizar mi recurso estrella).

– ¡Claro, es verdad! (Imagino que se te ocurren cientos de miles de metáforas. Por favor, especifica).

“El tiempo pone a cada uno en su lugar”. Esa mentirijilla tan utilizada por todos los que en alguna ocasión hemos sentido lástima por la persona que tenemos enfrente. Esa última esperanza inventada para no decirle que, en realidad, es un desgraciado. Ese intento por tratar que deje de llorar antes de utlizar el último recurso: el abrazo.

– Que tía más mala. Pero bueno, tú no lo pienses, eso es como todo y, al final, el tiempo pone a cada uno en su lugar. (Te han vuelto a hacer el lío. Eres un/a tolai).

– Eso espero… (Sí, pero yo no quiero que le vaya mal dentro de diez años. Quiero que le vaya mal ahora. Voy a pensar un plan para destruirla).

Acabamos por hoy con una de mis favoritas: “Odio decir te lo dije, pero te lo dije”. Igual deberíamos esperar para colgarnos la medalla en una ocasión en la que la otra persona no nos está contando sus previsibles penurias. Pero, para qué negarlo, a veces un “te lo dije” a tiempo da gustito. En esos casos, intentemos simplemente que no se nos escape la sonrisilla.

– ¡Si ya lo sabía yo! Odio decir “te lo dije”, pero… (madre mía, se veía venir, es que eres muy tolai).

– Sí, tienes razón, debí hacerte caso (Bueno, también puede que no odies tanto decir “te lo dije”, y que a lo mejor te gusta un poco tener razón. A lo mejor tu ego quiere pasarse a saludar).

*El fin de semana estuvimos pintando unas paredes en casa y todavía huele un poco a pintura. Al gato no le gusta nada y por eso se comportaba así. Ahora todo vuelve a ser normal. Flipo tanto que voy a contarlo en foroenfemenino.com, luego vuelvo.

QUÉ BONITO ES EL SILENCIO

Parece mentira que sea yo quien lo diga. Yo, que encuentro apasionante casi cualquier conversación. Lo cierto es que llevo un tiempo dándole vueltas a lo innecesario que es, a veces, hablar. Y no me ha pasado de repente, no. Me sucede desde que vivo con un gato. Un gato al que, aunque estoy intentando enseñarle a hablar, de momento no dice ni una sola palabra, pero se hace entender mejor que muchos informadores de nuestro país (¡oh!).

Mi gato consigue lo que quiere con una sola palabra (miau) y unos cuantos gestos, no demasiados:

1. Si tiene hambre, dice miau muchas veces seguidas y echa a andar hasta la cocina, girándose de vez en cuando para asegurarse de que le sigo. Una vez allí, sigue diciendo miau y se coloca al lado de su bolsa de comida.

Qué hambre!

2. Si tiene sed hace lo mismo, pero pronunciando menos miaus y situándose en el fregadero.

Qué sed!

3. Si quiere jugar, trae una bola de papel en la boca y la deja junto a mi pie. Si pasan tres segundos desde que deja la bola de papel y no hemos empezado a jugar, me araña y me muerde.

Qué aburrimiento!

4. Si quiere que le haga cosquillas, se tumba encima de mí y ronronea.

Cosquillitas ahí.. un poco más arriba...

5. Si ya no quiere más cosquillas, se va.

seva

6. Si tiene una urgencia mientras yo estoy en el baño (siempre), asoma la pata por la puerta, empuja con la cabeza, y araña la puerta con la otra pata.

Abre la puerta!

7. Si le duele algo, dice miau y se lame justo en el punto de dolor.

Me duele

8. Si algo le enfada o le asusta, se le eriza el pelo, pone las orejas como el tricornio de la Guardia Civil, se encorva, camina de lado y aumenta el tamaño de su rabo.

Qué susto, macho

9. Si le pasa algo de lo descrito en los puntos anteriores mientras estoy durmiendo, me da pequeños golpecitos en la cara para que me despierte.

Vaaamos

10. Si no le hago caso hace lo mismo, pero sacando las uñas.

Vaaaamos pesaaaada

Los gatos no se andan con rodeos; si algo les interesa, vienen; si no les interesa, no vienen. No gastan miaus innecesarios porque saben que sólo deben usarlos en momentos muy puntuales. Nosotros, en cambio, tiramos de expresiones manidas y de relleno cuando no sabemos qué decir. Y como este blog no se alimenta sólo, hablaremos de ellas próximamente.

TO BE CONTINUED…

(En realidad publiqué esta entrada porque quería hablar de mi gato y no sabía cómo hacerlo. Los dibujos los ha hecho él.)