NO ESTABA MUERTA, ESTABA DE PARRANDA

Como Peret, que ahora sí está muerto, pero cuando escribió la canción, no.

Que tenía pensado desearos un feliz verano y todo eso, pero es que (ATENCIÓN, TOPICAZO) odio las despedidas. Así que poco a poco se fueron alargando los días, la gente empezó a cogerse vacaciones y yo pensé que nadie me leería porque en los destinos veraniegos no se pilla bien el 3G.

Y es que cuando llega el verano, los madrileños (de nacimiento o adoptivos) escapan de la ciudad, huyendo de los tópicos que se generan en torno a la capital. En cambio, los que no terminamos de irnos del todo tratamos de disfrutar de las ventajas de Madrid en agosto. Aún sabiendo que todas estas ventajas son, al mismo tiempo, sus peores inconvenientes.

  • Madrid en agosto tiene menos coches, así que hay menos atascos. PUES NO, porque desde el 1 de julio hasta septiembre Madrid SE LLENA DE OBRAS. Y de personas que, como yo, piensan que habrá menos atascos y se lamentan por no haber recordado que cada año, desde 1634, ésa es la realidad de las calles de la ciudad en verano.
  • Madrid en agosto tiene menos coches, así que hay más plazas de aparcamiento. PUES NO, porque desde el 1 de julio hasta septiembre Madrid SE LLENA DE OBRAS. Y por si no fuera suficiente con levantar la calzada, las aceras acaban sufriendo la misma suerte y, con ellas, las plazas de aparcamiento. Así que, después de comerte un atasco de media hora en un trayecto de 10 minutos, buscar aparcamiento, sin éxito, durante media hora y comerte de nuevo el atasco de vuelta a casa, acabas aparcando el coche en tu barrio y decides coger el Metro. Y te toca esperar 12 minutos hasta el próximo tren. Porque el Metro de Madrid, vuela. Pero hasta que echa a volar, te da tiempo a fundirte la batería del móvil, inventarte la vida de cada persona que espera en el andén y acordarte, uno por uno, de todos los familiares de la alcaldesa de Madrid.
  • A la vez que Madrid se abarrota de grúas, andamios, vallas y agujeros, nosotros nos llenamos de ilusión pensando que, probablemte, en otoño se convertirá en una ciudad especial, con unicornios y gominolas. Pero no. Al acabar las obras, Madrid sigue exactamente igual. Bueno, exactamente no. Existen varios cambios sustanciales que no debemos pasar por alto:
    • Nuevos parquímetros con montones de teclas y botones. Parquímetros que no hemos podido usar, ya que no había plazas en las que aparcar el coche. Parquímetros absolutamente necesarios.
    • Nuevas paradas de autobús que tampoco hemos podido usar ya que, como Madrid está en obras, es mucho más rápido ir caminando a cualquier lugar que en bus. Se trata de paradas iguales que las anteriores, pero con asientos de esos tan cómodos para sentarse de pie. Nada de teletransporte, ni siquiera calefacción o aire acondicionado. Nada.IMG_20140714_210515-768x1024
    • Carriles para bicis. Básicamente son las calzadas de siempre, pero con una señal en el suelo, que te explica que puede haber ciclistas y que no corras. Pero si no corres, te pitan. Sinceramente, no sé qué hacen los alemanes construyendo carriles exclusivos para las bicis, pudiendo copiar nuestra brillante idea.

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      Seguro, sofisticado y elegante carril bici

    • También hay bicis puesta por el Ayuntamiento. Son muy prácticas, ya que sólo tienen circuito por el centro, algo muy lógico porque de sobra es sabido que los jóvenes de hoy en día podemos permitirnos, gracias a neustros altísimos salarios, un pisazo en el barrio de Malasaña (a mí no se me ha ocurrido pensar que estas bicis estén pensadas para el turismo y no para los propios ciudadanos, espero que a vosotros tampoco). Eso sí, por lo menos una vez deberíamos probarlas, ya que, si tienes suerte, en la pantalla de inicio te la da bienvenida un pene.
  • En Madrid en agosto hace muchísimo calor, pero sólo en la calle. Tú sales de casa en tirantes, entras al Metro (-10ºC) y, mientras esperas a que vuele, te pones tu chaquetita. Sales a la calle. Tirantes. Entras en una tienda. Qué frío. Te compras un jersey un poco más gordito. Sales a a calle. Tirantes. Entras en la oficina. Está tu compañero el caluroso. Te pones la chaquetita. Te la quitas y te pones el jersey más gordito. Te quitas el jersey gordito y te pones la chaquetita y el jersey gordito encima. Sales de la oficina. Tus compañeros te ofrecen ir de cañas, pero tú dices que no porque te duele la cabeza, moqueas (debe ser una alergia nueva), y te duelen los brazos de agujetas de ponerte y quitarte el jersey. O también puede que sea fiebre. LLegas a casa, te tumbas desnudo en la cama y resoplas mientras piensas en el maldito calor que hace en Madrid en agosto.
  • Madrid se queda POR FIN vacío de gente en agosto. Pero las poquitas personas que quedan se pasan el día sufriendo, lamentándose porque aún no se han cogido vacaciones. Hasta que se van y regresan los que ya se fueron. Y esos son aún peores. Lloran y todo. Están tan preocupados por sí smismos que ¡ni siquiera se dan cuentan de las nuevas paradas de bus y los carriles bici!
  • Estar por Madrid en agosto te sirve para pensar que mientras los demás despilfarran su dinero por ahí, tú estás favoreciendo tus ahorros. Y es entonces cuando se te rompe el coche, necesitas un disco duro nuevo o tienes una fuga de gas… o todo a la vez. Entonces te gastas todo ese dinero que preferiste ahorrar en lugar de invertirlo en unas maravillosas vacaciones en la playa. Lo bueno es que disfrutas mucho más viendo a un señor arreglar tu fuga de gas que mojándote el culo en el mar, dónde va a parar.

Ahora, mientras me siento de pie en una nueva parada de bus y escucho a los abuelitos que han vuelto de Benidorm decir que ya ha llegado el frío, lloro bajito y le pido a Madrid en agosto que, porfi porfi, vuelva pronto.

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