EL PORQUÉ DE LAS COSAS

Antes de empezar, quiero añadir dos apuntes sobre el título de este post:

  1. Ese porqué se escribe junto. No es una falta.
  2. Quim Monzó tiene un libro de relatos con este mismo título (y está muy bien, además), pero esto no es plagio ni nada de eso. Es sólo que se llama igual.

A veces las cosas que hacemos (o no hacemos) no tienen un porqué. Desde pequeños nos han enseñado que “porque sí” o “porque no” no es una razón. Pero, qué queréis que os diga, sí lo son. Son razones tan válidas como cualquier otra. Pondré unos cuantos ejemplos:

– Anda, llevas un tatuaje de una rosa en la espalada. ¿Por qué llevas ese tatuaje?

Podría decir que las rosas son mis flores favoritas, pero no lo son. O que ese sitio donde me lo hice me parece sexy. Pero no lo es. Resulta que hace muchos años me tatué una macarrada en un lugar perfecto para no poder ponerme la epidural, así que podría decir que me lo hice para recordarme que nunca querría tener hijos. Pero es que eso tampoco es verdad. Me hice ese tatuaje porque era una adolescente y porque los adolescentes hacen esas cosas. Tenía mis razones en ese momento, pero NO ME ACUERDO de ellas. Me lo tatué porque sí. Y no me lo voy a borrar porque no.

– ¿Por qué le has puesto Eliot a tu gato?

Me encantó E.T. y adoro a Elliott, el niño que adopta al extraterrestre. Pero mi gato no se llama así por él. Tampoco le puse ese nombre por Eliot Ness, ni por Billy Elliot, ni por Elliott Smith, ni por Elliott Erwitt, ni por Elliott Gould, ni por Elliott Carter (he buscado un montón de personajes ilustres llamados Elliott en Google). Opté por que mi gato se llame Eliot (con una L y una T) porque sí. Es naranja y le pega llamarse Eliot.

– ¿Por qué prefieres viajar en bus que en metro?

Si hay algo ilógico en mi vida, es la preferencia absoluta por coger el autobús antes que el metro. Es verdad que prefiero moverme por encima del asfalto que por debajo, pero el autobús me genera graves trastornos que no me ocurren en el subterráneo.

– Si no tienes metrobús ni 1,5€ sueltos, debes rezar por caerle bien al conductor y que quiera cambiarte un billete. O sentirte humillado al pedirle al señor que espera en la parada los 1,47€ que te faltan. En el metro, las máquinas dan cambio sin mirarte como si te perdonaran la vida. Eso es porque son máquinas y no tienen ojos.

– Mientras esperas, hace frío en invierno, calor en verano y polen primavera. En el metro hace calor siempre, independientemente de la época del año. Y huele mal, eso es verdad.

– En la parada del bus hay que esperar cola. No deberías ponerte donde te apetezca, porque hay señoras dispuestas a increparte e insultarte. Señoras que se dedican a ello. Señoras que estudian para perfeccionar su técnica a la hora de detectar a los que no respetan la cola. En el metro, en cambio… mariquita el último.

– Cuando llueve hay más atascos (no entraré en la polémica de por qué las personas que no saben conducir cogen el coche sólo cuando llueve). Sabes cuándo te subes, pero no puedes predecir cuándo te bajarás. En el metro no llueve, así que no te mojas y no hay atascos. Doble punto para el metro.

– Si necesitas coger dos autobuses para llegar a tu destino, pagas dos veces. Si tu estilo no es derrochar, el metro te espera con los brazos abiertos.

– En el bus siempre hay que ceder el sitio porque siempre hay ancianos. Y no hay espacio suficiente para apoyarte si te quedas de pie, ya que están reservado para carritos, muletas, maletas, embarazadas y niños. Las barras están muy altas y, en mi caso, mi abrigo no me permite estirar tanto el brazo como para llegar a las agarraderas que cuelgan de las barras superiores. En el metro puedes apoyarte en paredes y otras personas. Estás absolutamente permitido.

– En el caso hipotético de que hayas conseguido sentarte en el bus, una señora con serias dificultades para moverse se sentará a tu lado justo antes de tu parada. Tú te agobiarás por tener que levantar a la señora que lleva intentando sentarse 10 minutos y correrás el riesgo de padecer una crisis de ansiedad. Esto también puede suceder cuando te sientes al final del bus y se llene de gente justo antes de tu parada. A veces la únca solución es llegar hasta el final de trayecto. El metro tiene muchas puertas y pocos ancianos, así que la técnica de empujar sin riesgo de romperle a alguien la cadera suele ser un éxito rotundo.

– Si decides aventurarte a viajar en bus a un lugar nuevo y desconocido, tienes una alta probabilidad de bajarte en una parada que no es la tuya. Eso es porque no sabes a dónde vas y nadie sabrá decírtelo con certeza, ni siquiera las pantallas que han puesto ahora en el interior, que a veces se atrancan y se creen que están siempre en la misma parada. En el metro hay altavoces, planos y carteles que te indican dónde debes bajarte. Y si te equivocas, puedes volver a montarte sin tener que pagar de nuevo.

– El bus tampoco huele a rosas. A veces sí, cuando tienen las ventanas abiertas. Y entonces hace frío, calor o polen.

– La gente normal suele marearse más en el autóbús que en el metro. En mi caso no computa, ya que me mareo en los dos.

– Las señoras que invaden el autobús hablan gritan sobre temas de actualidad, independientemente de la hora del día. Sus materias favoritas son la monarquía, los sucesos (homicidios generalmente) y Ana Rosa Quintana. En el metro hay música: karaokes, guitarras y acordeones. Entre estos últimos sé que se encuentra mi futuro profesor.

Como veréis, he señalado en el texto los por qué, porqué, porque y por que, que he visto que Facebook a veces no los usa bien. Y bueno… puede que ayer tardara 15 minutos en despejar una x de una ecuación (era una ecuación un poco difícil, no de las de 3x=15) y también puede que ahora quiera ser profesora de lengua.

 

 

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6 pensamientos en “EL PORQUÉ DE LAS COSAS

  1. En Cádiz, además de no haber cobertura, tampoco hay metro, así que estoy muy familiarizada con todos y cada uno de los puntos que cuentas acerca del autobús y por ello me solidarizo con las personas que usamos este medio de transporte. Pero hay una cosa muy a su favor, y es que Madrid es muy bonito, y eso en bus se aprecia mejor 😉
    PD: Me ha venido genial el recordatorio de clase de lengua, ojalá Celia hubiera sido la mitad de divertida explicando estos menesteres!
    Besitos, belentejuela.

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