EL ENRIQUECEDOR MUNDO DE LAS PRÁCTICAS (2)

Yo escribía. Escribía mucho. Tenía un diario que no rellenaba a diario, pero había alcanzado ya el tercer tomo; escribía relatos, cuentos y ensayos; difrutaba escribiendo, así que cuando llegó el momento de decidir a qué dedicarme tras acabar la carrera, opté por EL DEPARTAMENTO DE CUENTAS. No sabía que mi afición a la escritura podría ser útil en mi vida profesional, así que obvié unas pequeñas cosillas sin importancia que podrían dificultarme mi labor como gran ejecutiva de cuentas:

  1. Odiaba hablar por teléfono con gente cuya caya cara no había visto nunca.
  2. Cuando me ponía nerviosa, no oía (de oír, no de escuchar) a la persona que me estaba hablando. Nervios=sordera.
  3. Tartamudeaba al hablar en público. Y con público me refiero a 3 personas o más.
  4. No sabía decir “no” y mi reacción espontánea ante los conflictos era querer llorar.

Aún así, me cogieron para las prácticas como asistente de cuentas en una agencia grande, sin saber qué me encontraría. Tan sólo me habían dicho que en mi equipo necesitaban urgentemente a alguien porque estaban desbordados de trabajo. Y era verdad, tanto que la persona que debía enseñarme mis tareas casi no podía hacerlo porque no tenía tiempo, y la jefa pasaba muchas horas fuera de la oficina. Debía ser comodísimo para aquella chica tener exactamente el mismo trabajo que antes, pero escuchando una vocecilla, de vez en cuando, que decía “¿Te puedo ayudar?”, y sintiendo dos ojos clavados en ella (esto no es exactamente así, yo me sentaba justo enfrente y a veces parecía que la estaba mirando, pero en realidad estaba dormida).

Ella trató de enseñarme todo lo que pudo en el primer rato libre que tuvo sin llamadas ni gente preguntándole cosas sin parar. Me preguntó si podía hacer un informe sobre la competencia de nuestro cliente y me puse manos a la obra.

Estaba muy contenta, ya que mi mesa estaba en medio del pasillo por el que pasaba todo el mundo y aquélla iba a ser la primera vez en dos semanas que mi ordenador mostrara algo que tuviera que ver con trabajar. Hasta entonces, mi labor había consistido en abrir el e-mail y darle a la ruletita del ratón hacia arriba y hacia abajo. Ocho horas cada día. De vez en cuando, recibía un correo en el que yo estaba en copia y sentía un auténtico subidón de adrenalina por todo el cuerpo. Mientras tanto, para no dormirme, iba al baño cada quince minutos, con lo que malacostumbré a mi vejiga, y por eso ahora siempre tengo ganas de hacer pis.

Ese día no sólo hice aquel informe de la competencia, sino que abrí todos los informes de la competencia que se habían hecho en la agencia y corregí, una por una, cualquier falta de ortografía que vi en ellos. Todo apuntaba a que por fin había encontrado mi lugar… hasta que llegó la jefa.

Parecía que las cosas seguirían como hasta entonces, pero ella recibió una llamada de teléfono, de la que sólo acerté a escuchar una frase: “Cómo que no funciona? Ahora baja la niña y lo mira”. La niña era yo. Me cóntó que los creativos decían que no funcionaba su impresora y me pidió que fuera a comprobarlo. Bajé a la zona de los creativos y ésta fue la conversación:

– Hola, soy Belén. Vengo a ver la impresora.
– No funciona, ya lo hemos dicho -estaban un poco enfadados.
– ¿Habéis mandado algo a imprimir? -no se me ocurrió nada más inteligente que decir, ahí estuve poco rápida.
– Pues claro -respuesta MUY OBVIA.- ¿Dónde está la impresora?

Fui a ver la impresora y, sin tocar ni un botón, volví a mi sitio para decirle a la jefa que, efectivamente, no funcionaba. Ella me dijo que llamara al informático y yo pensé que no era necesario pasar por ese bochorno si la solución era llamar a una persona del departamento de informática.

El caso es que la situación se volvió a repetir unas cuantas veces. Y yo, que era una fiel seguidora de la serie “Urgencias”, jugaba y me imaginaba que certificaba la defunción de la impresora como hacían los médicos de la serie. Llegaba allí corriendo, la miraba, consultaba mi reloj y me decía a mí misma “hora de la muerte: 11.56”. Qué divertido, madre mía.

También tuve un affaire con el escáner de la oficina. Estaba conectado a un Mac (y yo, recién salida de la carrera, no había visto uno en la vida). Debía escanear unas 50 páginas de revistas y ese cacharro no me hacía ni caso. Al final, un alma piadosa me explicó cómo funcionaba. Al rato me explicó dónde se guardaban los documentos. Al rato me lo volvió a explicar porque yo no le había oído. Y para acabar, activé sin querer el Voice Over del ordenador y, como no sabía quitarlo, decidí jugar otra vez. Esta vez me imaginé que formaba parte del grupo Radiohead y que estábamos grabando esta canción. Curiosamente, nadie quiso jugar conmigo, puede que nunca hubieran escuchado a Radiohead.

Mi última gran aportación fue cuando jugué a ser reportera. Teníamos que salir a la calle a hacer preguntas a la gente. Un compañero llevaba una cámara de las que se veían en la tele y yo llevaba un micrófono. Estaba nerviosísima, pero me di cuenta de que los entrevistados se sentían un poco intimidados cuando nos veían llegar. Yo me crecí, me sentí la reportera más dicharachera del barrio y tuve mis quince minutos de gloria. Una lástima que, al tirar del micro, se desenchufara de la cámara mientras yo gritaba “¡¡esto no funciona!!” delante de tantas personas que pensaban que hacía bien mi trabajo hasta ese momento.

Y así, entre unos juegos y otros, acabó mi experiencia como asistente de cuentas. Pero una cosa os digo, los que verdad se dedican a esto trabajan mucho, juegan poco y ganan menos (bueno, creo, tampoco es que me haya puesto a mirar sus nóminas). Y, además, tienen una paciencia infinita. Toda mi admiración para ellos.

Anuncios

EL ENRIQUECEDOR MUNDO DE LAS PRÁCTICAS

Versión A

– Y tú, ¿a qué te dedicas?
– Yo escribo.
– ¿Escribes? ¿Y qué escribes?
– Soy redactora, trabajo en publicidad.
– ¡Ah! Escribes noticias.
– No, no… no soy periodista, trabajo en publicidad.
– ¿Pero hay algo que escribir en publicidad? Ah, ¿tú eres la que escribes los folletos que llegan a mi buzón y tiro a la papelera sin mirarlos siquiera?
– Hablemos de ti, por favor.

Versión B

– Y tú, ¿a qué te dedicas?
– Yo escribo.
– ¿Escribes? ¿Y qué escribes?
– Soy redactora, trabajo en publicidad.
– ¡Ah! Escribes noticias.
– No, no… no soy periodista, trabajo en publicidad.
– ¿Y dónde trabajas?- Pues ahora soy freelance, pero estuve trabajando en una agencia de Marketing que estaba en las Ro- ¡¡¡¡YO TENGO UN AMIGO QUE TRABAJA EN MCCANN!!!!- Genial, dale recuerdos a tu amigo.

VERSIÓN C

– Y tú, ¿a qué te dedicas?
– Yo escribo.
– ¿Escribes? ¿Y qué escribes?
– Soy redactora, trabajo en publicidad.
– ¡Ah! Escribes noticias.
– No, no… no soy periodista, trabajo en publicidad.
– Yo a veces también hago cosas de publicidad. Tengo un cuñado que tiene una empresa y a veces me encarga que le haga los folletos. ¡Qué casualidad! Tengo uno por aquí, mira.- ¡Qué bonito! Está maquetado en Word y tiene montones de colores. Jiji, veo aquí dos faltitas de ortografía  y, además, está escrito en Comic Sans. Toma, guárdatelo bien, que no se te pierda. Venga, guárdatelo, ¡GUÁRDATELO YA!

No es nada fácil explicar en qué consiste el trabajo de un copy. Y eso que me siento tremendamente afortunada de que, aproximadamente, un 80% de los jóvenes de entre 25 y 35 años hayan estudiado la misma carrera que yo. En ese caso la conversación es muy distinta:

– Y tú, ¿a qué te dedicas?
– Soy copy.- Uffffffffffff. Bueno, y ahora… ¿a qué te dedicas?- Vendo muebles usados.

(Es mentira. No vendo muebles usados, pero si queréis una cama de matrimonio con dos mesitas a juego, os las dejo a muy buen precio. Contactadme y os mando foto).

autopromoLo de que soy redactora, así, a secas, lo digo para resumir (no os lo vais a creer, pero hay gente que pregunta sólo por cortesía y no porque estén realmente interesados en lo que hago). Cabe la posibilidad de que también lo diga para ver cómo reaccionan las personas de a pie y poder alimentar mi blog con sus respuestas.

Pero mi experiencia profesional va más allá. Podéis verlo en mi página Web belengfiteni.com, en la que próximamente colgaremos nuestro último trabajo: un videoclip molón donde puede que salgáis algunos de vosotros. Permaneced atentos a vuestras pantallas de ordenador.

perdónEl caso es que no es culpa de la gente no saber exactamente en qué consiste mi profesión. Yo misma no tenía muy claro al acabar la carrera que existía una figura de copy y a qué se dedicaba exactamente, así que decidí probar suerte en el departamento de cuentas. Y la tuve. O no. Podréis sacar vuestras propias conclusiones en el próximo post…

EL SECRETO PEOR GUARDADO DE LOS REYES MAGOS (contiene spoiler)

¡Feliz Año!

Casi sin darnos cuenta ya ha pasado la Navidad. Dentro de unos días estaremos recogiendo el árbol y el Belén (bueno, yo no porque no tengo) y volveremos a nuestra rutina. Sin luces de colores. Sin villancicos. Sin espíritu navideño.

Pero no todo está perdido aún, porque todavía queda lo mejor: ¡los Reyes! Mi duende y yo hemos hecho un viaje en el tiempo hasta llegar a nuestra infancia, concretamente a la madrugada del 6 de enero.

Recuerdo abrir un ojo muy muy despacio, con mucho cuidado por si Los Reyes estaban en mi habitación y me pillaban despierta y se enfadaban por estar despierta y se llevaban mis regalos y DRAMA. Recuerdo ver un montón de paquetes (ni rastro de los Reyes que, por cierto, nunca se comían los mazapanes ni se bebían el anís) y susurrarle a mi hermana “Sonia, ya han venido”, y su respuesta “Ya…”. “Vamos a abrirlos” decía yo. “Son las 5 de la mañana, hay que esperar un poco”. Sí, sé lo que estáis pensando… ¿qué niño es tan sumamente responsable como para sentir que debe esperar hasta que amanezca para abrir los regalos? Ese niño es mi hermana. Mi hermana y su sentido de la responsabilidad extremo merecen un post enterito, y algún día lo tendrán. Pero hoy no es el día. Hoy tengo algo importante que contaros.

El día de Reyes puede que sea el día del año más esperado por los niños… hasta el momento en que descubren su secreto. Su verdadera identidad, para que nos entendamos. Supongo que la mayor parte de vosotros ya sabéis a qué me refiero, pero puede ser que entre mis lectores se encuentre una persona anclada en los 5 años de edad. Si eres tú, por favor, no sigas leyendo. Una vez, en un autobús, conté el secreto a viva voz sin caer en la cuenta de que en el asiento de atrás viajaba un niño y la culpa aún me persigue. No me podría perdonar caer en el mismo error.

El caso es que llega un momento en la vida de un niño en que empieza a atar cabos (o los ata su compañero de clase y se lo suelta sin ningún tipo de compasión) y ¡zas!, se acaba la magia. Los Reyes no son esos tres señores que vienen de Oriente, sino una pareja mucho más familiar (y nunca mejor dicho) que viene de El Corte Inglés.

Ese momento de descubrimiento cada vez llega a una edad más temprana. Puede que penséis que es inevitable, pero (y aquí llega la buena noticia), ¡se puede evitar! Tan sólo debemos tomar algunas estrictas medidas de precaución y los niños podrán disfrutar de esta noche mágica unos cuantos años más.

Aquí van unos sabios consejos que, si seguimos al pie de la letra, nos llevarán a un éxito seguro:

– Los niños no deben pisar ni una sola superficie comercial desde mediados de diciembre hasta el 7 de enero. Es un poco sospechoso ver a cientos de personas comprando compulsivamente justo antes de Navidad, mientras en una mano sostienen una carta escrita por su hijo y destinada a SSMM Los Reyes Magos de Oriente.

– Es más, los niños deberían estar encerrados en casa desde mediados de diciembre hasta el 7 de enero. En caso de que salgan a la calle, deberán evitar todo tipo de contacto con otras personas para no escuchar frases tipo “no sé qué comprarle a Fulanito por Reyes”. Porque por Reyes no se COMPRA, se PIDE.

– Es aconsejable que no aprendan a leer. Recuerdo ver los anuncios de juguetes cuando era niña mientras un letrerito rezaba lo siguiente “Producto de importe superior a 5.000 pesetas”. ¿Qué mas da lo que cueste si lo van a traer los Reyes, que no compran, sino fabrican sus regalos? Importante erradicar el tema económico o la ilusión se reducirá al 50%.

– Los televisores deberían dejar de funcionar durante el período navideño mientras los niños estén despiertos. En la televisión se escuchan continuamente mensajes como “muchos niños no tendrán regalos estas Navidades”. Este mensaje que tan bien funciona en los adultos, es absolutamente contraproducente en los niños, que podrán pensar “los Reyes son unos clasistas. ¿Por qué a los niños pobres no les regalan nada?”. Cuidado, porque en algún momento os pueden hacer esta pregunta y vuestra respuesta debería ser más convincente que la me dio mi madre a mí (“no sé, hija” me dijo mientras sudaba y se levantaba a fregar los cacharros).

– Para los que organizáis visitas de Los reyes a colegios u otros lugares que visitarán los niños. Existen personas negras. Son negros de verdad, no van pintados ni nada. Y resultan bastante más creíbles en el papel de Baltasar. Espero haber ayudado.

– Sed previsores. Una fotocopia de la carta nunca está de más, porque llegará el momento en el que el niño quiera echarla al buzón y vosotros no os la habréis estudiado. Entonces llegará el momento en que queráis tener más detalles sobre lo que allí había escrito y el niño responderá “tú no te preocupes, que en la carta lo explicaba todo bien clarito”.

– Concentraos en lo que pide cada niño en el caso de que a vuestro cargo haya más de uno. Mis Reyes Siempe equivocaban lo que había pedido yo con lo que pedía mi hermana. “Mamá, ¡son tan despistados como tú!” decía yo. Y entonces la tensión en aquella habitación podía cortarse con un cuchillo.

– Si decidís responder a la carta que ha escrito el niño, cambiad vuestra caligrafía. “Jo papi, escriben como tú. ¡Cuántas cosas en común tenéis con los Reyes!”. Y la tensión no sólo podía cortarse con un cuchillo, sino que en la habitación la tempartura aumentaba unos 50 grados.

– Inventad una buena excusa cuando salgáis de compras. Mis padres me decían que iban a hablar con los Reyes y, aunque yo pasaba la tarde con más nervios de todo el año por si le contaban todas las maldades que había hecho, el resultado era espectacular: yo me portaba como una bendita hasta el mismísimo día 6 de enero y ellos podían hacer sus recados sin ningún tipo de presión.

– Cuidado con los envoltorios: el papel de envolver de El Corte Inglés es muy bonito, pero su logotipo aparece en el 90% de la superficie. Comprad vuestro propio papel. Y bueno, si conseguís uno que sea parecido al de los regalos que llevan las carrozas de la cabalgata, triunfaréis como estrellas del Rock.

– No envolváis cuando los niños están en casa u os veréis obligaods a inventar excusas tipo “estamos doblando bolsas”. Gracias por el intento, mamá, pero nadie dobla bolsas la noche del 5 enero a las 2 de la mañana.

– Por último, responded a todas las preguntas que se planteen los niños acerca de los Reyes con “porque son magos”. Los magos pueden hacer cosas increíbles, casi tan increíbles como las que pueden hacer los padres.

Como me he puesto sentimental y flojita y este blog no es para eso, corto la conexión hasta próximo aviso.

Y portaos bien, ¡que los Reyes lo ven todo!